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Cultivar estos campos nos une a nuestros ancestros, aquellos que, como si de un arte se tratara, modelaron el terreno con sus manos. A través de siglos de arduo trabajo, fueron capaces de conseguir un equilibrio perfecto entre la vid, la tierra y el clima de este territorio.

Cuando lo ecológico no era una moda en la Denominación de origen Jumilla, sino el único camino, anduvieron un duro recorrido para alcanzar la total adaptación de nuestra uva, la Monastrell.

Contemplar cada día cómo estos cultivos son parte de la naturaleza que envuelve estas tierras es auténtico placer. Por todo ello, respetamos ese trabajo de nuestros antepasados para honrar al ecosistema que representa el cultivo de estos viñedos.